De nada demasiado

Después de una noche aciaga, en que los sueños se han visto boicoteados por el miedo a la parálisis, por pensamientos compulsivos que la bestia sirve como desayuno, pues nos quiere llenos de preocupaciones y angustias sin fin, así engordamos todos de auto-absorción. Surge la brillante idea… de nada demasiado, recopilar mis palabras vertidas en un sinfín de mensajes y darles una coherencia libresca, una estructura políglota en que hablar de todo un poco equivalga a salirse airado de la prueba, a seducir al lector de que la única vía es la máxima griega: hablar de todo un poco y de nada demasiado.

No hay escuelas ni doctrinas que puedan con ello, no hay descubrimiento ni rudo pensamiento que pueda dar cuentas de la inmensidad que nos rodea, sólo las leyes matemáticas y los impecables teoremas geométricos permiten vislumbrar un atisbo del poder oculto a la mirada.

No sirven las maquinaciones humanas, ni las aventuras del saber, apenas podemos otear unas migajas del misterio que nos funda y que inunda todos los resquicios de nuestra efímera vida. Buscamos eterna y compulsivamente las causas del infortunio, las leyes del éxito, creemos que cuando seamos capaces de predecir el futuro estaremos mejor, diseñaremos el modelo perfecto de ser humano y buscaremos aplicarlo en las políticas de control de la población, tanto como en los cálculos imaginarios de los futuros padres, “quiero un hijo guapo, fuerte, sano e inteligente, quiero una mirada de ojos azules y una nariz de talla aguileña, que no sufra enfermedad, que sea inmortal, perfecto, en una palabra, que coseche todos los éxitos y que la vida le sonría eternamente, que no conozca el mal”.

Cuando yo me vaya

Cuando me vaya, ¿estarás conmigo allí?

¿entenderán el sol y luna mi último adiós?

¿escucharán todos mi silencio púrpura?

¿cumplirán las estrellas su promesa?

¿subiré al corcel dorado que mira al poniente?

¿se abrirá el camino flanqueado de galaxias?

¿seguirán los pasos, los días y las edades?

¿veré la estrella errante… me convertiré en una?

¿se quedará mi espíritu en custodia infinita?

¿encontraré ángeles , ancestros y dulces sueños?

¿sabré remontar la nada de mi cuerpo y

volar en el seno del universo?

¿me abandonarán los vicios capitales?

¿sabré como agradecer al mundo su grandeza?

y apreciar su bellos e inmensos adornos?

¿Cómo será la experiencia de mi muerte?

Instante efímero de intensidad infinita,

agonía horrible o dulce ensueño

todo es posible, todo es ambiguo

y oscuramente cierto

adentro en el mero centro

donde la explosión espera,

acecha y cuenta el instante maduro,

la fortaleza ausente,

la mirada perdida en la niebla amarilla

el vuelo abstracto, mi ser de luz,

promesa de eternidad pragmática,

viaje a la tierra prometida,

allá en la distancia de eones…

Carpe Diem

Escuchen ese ladrido, ese ladrido es la cosa mas triste que uno puede oir …El ladrido de ese perro es la voz nocturna de un hombre…Un hombre que grita a traves de su perro, pues ambos son esclavos compañeros de por vida, su tristeza, su aburrimiento. Está rogando a su muerte que venga y lo libere de las torpes y sombrías cadenas de la vida…Ese ladrido y esa soledad que crea, hablan de los sentimientos de los hombres. Hombres para los que una vida fue como una tarde de domingo, una tarde que no fue del todo mala pero si calurosa y aburrida y pesada. Sudaron y se fastidiaron más de la medida. No sabían adonde ir ni que hacer. Esa tarde les dejo solamente el recuerdo del tedio y de las molestias, y de pronto se acabó, de pronto ya era de noche.”

Relatos de poder, Carlos Castaneda

Vivimos de espaldas a la muerte. En nuestra sociedad la muerte ha desaparecido de las calles, de los hogares. Se considera de mal gusto, un tema tabú, tratar la muerte como un tema de conversación, como un asunto personal.

Nuestra existencia cotidiana transcurre bajo una premisa falsa: la muerte es lo que le ocurre a los demás y cuando esos demás están al borde de morir, los sacamos de los hogares para recluirlos en hospitales.

Obviamente nuestros intentos de negar la muerte fallan dado que esta nos persigue en los noticieros de radio y televisión diariamente. Tal impacto cotidiano no cambia, nuestra idea de que la muerte es algo que le pasa a los demás.

El hombre ha construído industrias supermillonarias cuyo fin explícito es postergar la muerte e incluso eliminarla. La más reciente expresión tecnologica es la industria creada en Estados Unidos de crionizacion, cuyo fin es congelar los cuerpos momentos antes y después de la muerte. Esto es una buena expresión del terror a morir de algunos, terror explotado muy sabiamente por los ojos siempre alertas del capital.

Si consideramos como tratamos y como nos relacionamos con nuestros muertos, vemos que, cuando se nos muere alguien querido , enseguida lo enterramos en el cementerio o lo incineramos. Normalmente le lloramos durante un tiempo más o menos prolongado, con esto manifestamos nuestro duelo y, luego, intentamos por todos los medios olvidarlo, para esto nuestro circulo social de amistades y familiares nos ayuda e incluso nos presiona a que lo consigamos.

No siempre y en todas partes ha sido así, en otras culturas y tradiciones a los muertos no se les olvida, ni íntima ni socialmente hablando. Su memoria se mantiene viva y se cultiva una especie de relación casi cotidiana con los ancestros desaparecidos. A nuestra cultura solo le queda la ceremonia anual del día de muertos, en el que cumplimos el rito de visitar sus tumbas y recordarles. En el llamado primer mundo, incluso esta costumbre va desapareciendo.

Necesitamos un cambio radical de la visión que tenemos de la muerte. Empezar a imaginar que la muerte es como la sombra, una invitada permanente que nos acompaña desde que nacemos y que alimentamos y engendramos día a día con nuestra forma de vivir. La muerte no es algo separado de mí o de mi vida, sino que es su complemento original y su culminación exacta.

Si la muerte es una presencia cotidiana, resulta interesante hacerla tu amiga y consejera!! La muerte como consejera, un aprender a escuchar al ser que sabe que va a morir. Solo ello contrarresta la morbidez del tema. Solo ello da alas a la vida y al espiritu.

Acabar con el pequeño ser inmortal que ceeemos ser que se siente justificado a pasarse el día afectado, enojado, y preocupados por cantidad de insignificancias: por ejemplo, lo que los demás piensan de uno, o lo que me hacen o no le hacen a uno, etc. Nos creemos que tebemos tiempo y con ello perdemos el tiempo en absurdidades sin número. Como nos aconseja Carlos Castaneda, el gran chamán; “(Se ha de) pedir consejo a la muerte y dejar la mezquindad de las personas que viven sus vidas como si la muerte nunca los fuera a tocar”

Tu muerte como consejera es la única que te da consejos sabios e infalibles. Uno de los más básicos: vivir como si cada día fuera el último. No hay tiempo para estupideces, no hay tiempo para enojos, no hay tiempo para obsesiones ni morbideces. Cultivar la conciencia de la muerte. Vivir para morir y morir para vivir. Carpe diem amigos y amigas…

Costra silvestre

Costra silvestre, azúcar moreno, carros sin miel, caldo malagueño, abejas divinas, ella no me quiere, canto a la noche, ensimismado también, rabieta caníbal, pozos aguados, pisos a mil, descuentos en todo, dinero sin mi, trabajo de nada, apodos mil, caminos sin fin, aguas que vienen, arroyos que fluyen de lluvias ácidas, insectos que mueren, amores sin miel, esposas secas, maridos sin miel, angustias que surgen color frenesí, anclas al viento, arrobas de pan, zapatos sin suela, aviones debajo, canciones protesta, pedidos sin fin, antes que fueras, ahora no más, siempre gimiendo, ayudas sin par, colmenas aguadas, abejas sin miel, amigos que mueren, adioses sin más…

Que raro el aliento que entra en mi cuerpo, que extrañeza estar vivo, que misterio la tecla que aprieto, cuanto negrura ahí afuera, carros deshechos, esperanzas impávidas, ciegas al Apocalipsis que ya llegó, amores sin más, futuros muertos, casi nadie quiere mirar, un minuto de silencio y no más, perros sin rabia, muertos por doquier, aire infecto, agua viscosa, miel sin azúcar, rostros sin par.

Avasalla la máquina, conspiran los necios, temen los pobres, ahullan los mudos, el desierto avanza, las almas se van, huyen despavoridas, sólo quedan los cadáveres, muertos ambulantes, rutinas sin fin, ruidos mecánicos, consumo y nada más, pagad los impuestos sin rechistar, votadme a mí y ya está, nuevo ciclo de desesperación, nuevo sueño de ilusión, nueva historia que se repite hasta la náusea, democracia secuestrada, desarrollo en libertad sobre el papel, expresión descafeinada, anestesia total. Sigue Moloch, aumenta su poder,  todos conspiran, todo se confabula, ni un resquicio para la duda, ni un ánimo de libertad.

Discursos ciegos que explican lo inexplicable, ausentes de verdad, mírate rey desnudo, rey de tu vida, individuo sin par, rey  destronado de tu tiempo, esclavo nomás, tu casa el exilio, los tuyos no están, marcharon sin sus cuerpos, máquinas de tragar.

Un agujero negro en el corazón, un vacío que no se llena, ni de cosas ni de casos, ni de ideas o ideales, ni de esperanzas ni desesperanzas, no vale la fe, tampoco encuentra alivio el ateo…

El síndrome del bienestar

Cada vez es más frecuente que se nos obligue a firmar un contrato que compromete a llevar un estilo de vida de constante mejora del cuerpo, la mente y el alma. En muchas Universidades americanas ya es un hecho, compañías aseguradoras proponen mejores cuotas a quien lo firme. La vida se convierte en una exigencia de constante optimización del bienestar. Transcribo a continuación mi traducción de algunos pasajes del libro The Wellness Syndrome  de Carl Cederström y André Spicer, 2015.

“Ser una buena persona significa constantemente encontrar nuevos fuentes de placer y felicidad. En el trabajo se nos ofrecen programas de bienestar. Como consumidores se nos requiere cuidar un estilo de vida que hemos de diseñar para maximizar nuestro bienestar. Cuando nos implicamos en actividades aburridas, tales como limpiar la casa tenemos que pensar acerca de ellas como una ocasión para practicar mindfulness y mejorarlo. En otras palabras, el bienestar se ha convertido en el aspecto central de nuestras vidas. Unas décadas antes, el bienestar era el privilegio de un pequeño grupo de personas con estilo vida alternativo. Hoy el bienestar se ha convertido en la principal corriente. Dicta el modo que trabajamos y vivimos tanto como que estudiamos y como hacemos el amor.

El tema no es el bienestar en sí mismo. El tema es como el bienestar se ha vuelto una ideología. Como tal ofrece un conjunto de ideas y creencias que las personas pueden encontrar seductoras y deseables, Sin embargo para la mayoría, esas ideas aparecen como naturales o incluso inevitables. El elemento ideológico de bienestar se hace particularmente invisible cuando consideramos las actitudes prevalecientes hacia aquellos que fallan en cuidar sus cuerpos. Estas personas se perciben como vagos, débiles, sin voluntad. Como desviaciones obscenas fuera de la norma… cuando la salud deviene una ideología, el fallo a conformarse se vuelve un estigma. Los fumadores se consideran no como un peligro para su propio bienestar personal, sino como peligro para la sociedad. Algunos empresas han pasado de prohibir fumar a despedir a fumadores…

Las personas que no cultivan cuidadosamente su bienestar personal se perciben como amenaza para la sociedad contemporánea, Una sociedad en la que la enfermedad, como David Harvey dice, es definida como “la incapacidad de trabajar”. Los cuerpos saludables son cuerpos productivos. Son buenos para los negocios. Y lo mismo ocurre con la felicidad. Asumiendo que los trabajadores felices son mas productivos, las empresas buscan nuevos modos de incentivar a sus empleados con más felicidad, sesiones de coaching y ejercicios para cultivar relaciones, etc… todo ello conforma una póliza paradigmática a través de la cual mente y cuerpo se convierten en recursos económicos…

Alenka Zupancic afirma: “La negatividad, el fallo, la insatisfacción, la infelicidad, son percibidas como fallos morales -peor aún, como una corrupción en el nivel del ser. Hay una incremento espectacular de lo que podríamos denominar una bio-moralidad (tanto como una moralidad de los sentimientos y las emociones), que promueve el axioma fundamental siguiente: una persona que se siente bien y es feliz es buena persona; una persona que se siente mal es una mala persona.”

La bio-moralidad es la moral que exige ser feliz y saludable… El autor Slavoj Žižek, en su libro En defensa de las causas perdidas tiene claro que el moralizar el bienestar lo convierte en la extensión de un super ego-exigencia de ser feliz… Esta misma exigencia dice el autor sabotea la alegría y la felicidad puesto que paradójicamente más se obedece el comando del superego más uno se siente culpable…

El síndrome del bienestar se refiere a un conjunto de síntomas tales como ansiedad, la auto-denigración y la culpa, por nombrar algunos… y se basa en la asunción del individuo como alguien que es autónomo, potente, de voluntad fuerte que incesantemente lucha por mejorarse a sí mismo. Esta insistencia de que el individuo es capaz de escoger su propio destino provoca siempre un sentimiento de culpa y ansiedad. Se exige estar en control de las propias vidas, incluso en situaciones donde las circunstancias son adversas…

Nuestro cuerpo determina donde vivimos, con quien gastamos el tiempo, como lo ejercitamos, y donde vamos de vacaciones. Parte de esta obsesión corpórea es esa fascinación profunda con lo que nos ponemos en la boca. Verdaderamente, el comer se ha convertido en actividad paranoica que no está pensada para procurar placeres momentáneos a través del gusto. Pone en jaque nuestra identidad…

Se piensa que comer correctamente es el modo de construir una vida feliz y próspera, libre del estrés y el desespero. Comer correctamente es un logro que demuestran los conocimientos de vida superiores. En la medida que el significado cultural de esta actividad ha crecido, el mercado para el consejo del experto ha florecido. En un estilo que mezcla sofisticaciones new age con descubrimientos científicos, los dietistas y los chefs celebrities se han elevado al estatus de predicadores … La mesa de comer ya no es más el altar de delicias suculentas, un lugar para compartir una comida y una conversación. En vez de ello se ha convertido en una farmacia donde vigilamos constantemente las grasas y calorías y conscientemente comemos el alimento convertido en una forma de medicación … Comer correctamente, la obsesión con ello se ha vuelto un nuevo desorden idiosincrático: ortorexia.

El síndrome del bienestar característicamente combina una obsesión con el cuerpo con un deseo ardiente de autenticidad. Esto puede parecer una contradicción: estar preocupado por tu cuerpo es visto usualmente como superficial. Hoy sin embargo mejorar tu cuerpo se ve a menudo como un modo de mejorar tu propio ser. Rutinariamente se describen las tecnologías como el Prozac y el botox, como herramientas de auto-descubrimiento y autorrealización.… Nos volvemos nihilistas pasivos. Más que actuar en el mundo y transformarlo, el nihilista pasivo simplemente se enfoca en sí mismo, en sus placeres particulares y en sus proyectos de perfeccionarse, ya sea a través del niño interno, manipulando pirámides, escribiendo ensayos literarios pesimistas, haciendo yoga, contemplando pájaros o haciendo botánica…”

 

Síntomas

La mayoría de síntomas psicológicos tienen como base ideas, pensamientos, interpretaciones que se formaron en su día, usualmente en la infancia, cristalizaron y en su momento, ocasionaron la aparición de trastornos y crisis. Los tratornos perduran en la medida que la fijeza y la consistencia de dichas interpretaciones no es cuestionada. Un proceso terapéutico ayuda en tal cometido, al diluir paulatinamente esta fijeza y abrir espacios para que nuevas ideas e interpretaciones más reales y maduras se forjen, haciendo innecesaria la persistencia de los síntomas y tratornos.