El síndrome del bienestar

Cada vez es más frecuente que se nos obligue a firmar un contrato que compromete a llevar un estilo de vida de constante mejora del cuerpo, la mente y el alma. En muchas Universidades americanas ya es un hecho, compañías aseguradoras proponen mejores cuotas a quien lo firme. La vida se convierte en una exigencia de constante optimización del bienestar. Transcribo a continuación mi traducción de algunos pasajes del libro The Wellness Syndrome  de Carl Cederström y André Spicer, 2015.

“Ser una buena persona significa constantemente encontrar nuevos fuentes de placer y felicidad. En el trabajo se nos ofrecen programas de bienestar. Como consumidores se nos requiere cuidar un estilo de vida que hemos de diseñar para maximizar nuestro bienestar. Cuando nos implicamos en actividades aburridas, tales como limpiar la casa tenemos que pensar acerca de ellas como una ocasión para practicar mindfulness y mejorarlo. En otras palabras, el bienestar se ha convertido en el aspecto central de nuestras vidas. Unas décadas antes, el bienestar era el privilegio de un pequeño grupo de personas con estilo vida alternativo. Hoy el bienestar se ha convertido en la principal corriente. Dicta el modo que trabajamos y vivimos tanto como que estudiamos y como hacemos el amor.

El tema no es el bienestar en sí mismo. El tema es como el bienestar se ha vuelto una ideología. Como tal ofrece un conjunto de ideas y creencias que las personas pueden encontrar seductoras y deseables, Sin embargo para la mayoría, esas ideas aparecen como naturales o incluso inevitables. El elemento ideológico de bienestar se hace particularmente invisible cuando consideramos las actitudes prevalecientes hacia aquellos que fallan en cuidar sus cuerpos. Estas personas se perciben como vagos, débiles, sin voluntad. Como desviaciones obscenas fuera de la norma… cuando la salud deviene una ideología, el fallo a conformarse se vuelve un estigma. Los fumadores se consideran no como un peligro para su propio bienestar personal, sino como peligro para la sociedad. Algunos empresas han pasado de prohibir fumar a despedir a fumadores…

Las personas que no cultivan cuidadosamente su bienestar personal se perciben como amenaza para la sociedad contemporánea, Una sociedad en la que la enfermedad, como David Harvey dice, es definida como “la incapacidad de trabajar”. Los cuerpos saludables son cuerpos productivos. Son buenos para los negocios. Y lo mismo ocurre con la felicidad. Asumiendo que los trabajadores felices son mas productivos, las empresas buscan nuevos modos de incentivar a sus empleados con más felicidad, sesiones de coaching y ejercicios para cultivar relaciones, etc… todo ello conforma una póliza paradigmática a través de la cual mente y cuerpo se convierten en recursos económicos…

Alenka Zupancic afirma: “La negatividad, el fallo, la insatisfacción, la infelicidad, son percibidas como fallos morales -peor aún, como una corrupción en el nivel del ser. Hay una incremento espectacular de lo que podríamos denominar una bio-moralidad (tanto como una moralidad de los sentimientos y las emociones), que promueve el axioma fundamental siguiente: una persona que se siente bien y es feliz es buena persona; una persona que se siente mal es una mala persona.”

La bio-moralidad es la moral que exige ser feliz y saludable… El autor Slavoj Žižek, en su libro En defensa de las causas perdidas tiene claro que el moralizar el bienestar lo convierte en la extensión de un super ego-exigencia de ser feliz… Esta misma exigencia dice el autor sabotea la alegría y la felicidad puesto que paradójicamente más se obedece el comando del superego más uno se siente culpable…

El síndrome del bienestar se refiere a un conjunto de síntomas tales como ansiedad, la auto-denigración y la culpa, por nombrar algunos… y se basa en la asunción del individuo como alguien que es autónomo, potente, de voluntad fuerte que incesantemente lucha por mejorarse a sí mismo. Esta insistencia de que el individuo es capaz de escoger su propio destino provoca siempre un sentimiento de culpa y ansiedad. Se exige estar en control de las propias vidas, incluso en situaciones donde las circunstancias son adversas…

Nuestro cuerpo determina donde vivimos, con quien gastamos el tiempo, como lo ejercitamos, y donde vamos de vacaciones. Parte de esta obsesión corpórea es esa fascinación profunda con lo que nos ponemos en la boca. Verdaderamente, el comer se ha convertido en actividad paranoica que no está pensada para procurar placeres momentáneos a través del gusto. Pone en jaque nuestra identidad…

Se piensa que comer correctamente es el modo de construir una vida feliz y próspera, libre del estrés y el desespero. Comer correctamente es un logro que demuestran los conocimientos de vida superiores. En la medida que el significado cultural de esta actividad ha crecido, el mercado para el consejo del experto ha florecido. En un estilo que mezcla sofisticaciones new age con descubrimientos científicos, los dietistas y los chefs celebrities se han elevado al estatus de predicadores … La mesa de comer ya no es más el altar de delicias suculentas, un lugar para compartir una comida y una conversación. En vez de ello se ha convertido en una farmacia donde vigilamos constantemente las grasas y calorías y conscientemente comemos el alimento convertido en una forma de medicación … Comer correctamente, la obsesión con ello se ha vuelto un nuevo desorden idiosincrático: ortorexia.

El síndrome del bienestar característicamente combina una obsesión con el cuerpo con un deseo ardiente de autenticidad. Esto puede parecer una contradicción: estar preocupado por tu cuerpo es visto usualmente como superficial. Hoy sin embargo mejorar tu cuerpo se ve a menudo como un modo de mejorar tu propio ser. Rutinariamente se describen las tecnologías como el Prozac y el botox, como herramientas de auto-descubrimiento y autorrealización.… Nos volvemos nihilistas pasivos. Más que actuar en el mundo y transformarlo, el nihilista pasivo simplemente se enfoca en sí mismo, en sus placeres particulares y en sus proyectos de perfeccionarse, ya sea a través del niño interno, manipulando pirámides, escribiendo ensayos literarios pesimistas, haciendo yoga, contemplando pájaros o haciendo botánica…”

 

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