Identidad líquida

Hoy en dia los referentes clásicos que proveían de un sentimiento de identidad y valor personal se han desvanecido del panorama social. La ansiedad, la depresión, las adicciones y un sinfin de otros síntomas expresan, en parte, los problemas relacionados con esta situación. Resulta casi imprescindible llevar a cabo una reflexión lo suficiente comprometida que provea de referentes, ideas y valores que ayuden  a salir del atolladero existencial. Un diálogo con el terapeuta puede ser muy valioso para esta tarea.
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El Hombre-Masa

Una selección de fragmentos del artículo: El fin del hombre en la forma moderna de la conciencia

de Marco Heleno Barreto. 2014 ®

… [U]na forma que es correlativa del nuevo modo de ser-en-el-mundo que prevalece cada vez más después de los cambios radicales provocados en la forma de vida de la humanidad por la Revolución Industrial, es la del Hombre Masa. Llega a su expresión más reciente en la modernidad medial, en la que la forma de estar-en-el-mundo se define por la fusión esencial e irrevocable de una conciencia de mentalidad masiva con el aparato tecnológico-cibernético que moldea el entorno real dentro del cual todos vivimos en la Era de la Técnica. Esto corresponde a la última fase en las relaciones de “humano” y “máquina” tal y como se estableció en la lógica de la Revolución Industrial, la misma lógica que es responsable de la masificación efectiva (Vermassung), la reestructuración revolucionaria de la humanidad como masa. En las primeras etapas de este proceso, los seres humanos se integraron en el entorno productivo técnico-mecánico como agentes distintivos que realizaban acciones específicas en el sistema de producción (al igual que algunos caballos se acoplan a un carro para hacer que se mueva). El sistema podría aprisionar e incluso amenazar seriamente a la humanidad de los agentes (ver Tiempos Modernos de Charles Chaplin), pero todavía había una diferencia fundamental entre el agente humano y el entorno técnico. En la fase avanzada actual, por el contrario, no solo la tecnología invade y abarca todas las esferas humanas de la vida, sino que también invade muy literalmente la constitución humana interna (como es más evidente en las intervenciones posibles gracias a las nanotecnologías), de modo que el concepto de “hombre-máquina” (La Méttrie) resulta ser la verdad real de la condición humana en la Era de la Técnica. Ya no se puede distinguir entre hombre y máquina. Como los caballos se han sub-incluido en los motores de los automóviles en forma de “caballos de fuerza”, haciendo que la tracción animal quedara obsoleta, por lo que las capacidades humanas son subsumidas, integradas al entorno técnico, haciendo que la noción de “naturaleza humana” (o esencia) quede obsoleta….

… La nueva forma impuesta a los sujetos humanos sometidos a las condiciones de la vida en la era de las masas -la forma del Hombre Masa- presuponía una forma previa que habría de ser reemplazada, y esta era la forma inicial proyectada y soñada por los pioneros optimistas de la era moderna: el Hombre como un ideal moderno temprano. ¿Cuáles era las características principales de este ideal?

Podría decirse que la palabra clave decisiva para introducirnos en la esencia del ideal humano moderno temprano es la autonomía. El Hombre moderno temprano reclama el derecho a ser él mismo la fuente o fundamento legítimo de su propia vida y mundo. Por lo tanto, las orientaciones de apoyo y al mismo tiempo restrictivas derivadas de la tradición y las convenciones sociales son rechazadas, negadas a favor de la soberanía indisputable atribuida a la razón, el libre albedrío y la experiencia para determinar las propias elecciones, valores y proyectos de vida. Como resultado, la individualidad (en oposición a la sumisión a las normas tradicionales colectivas) se convierte en el valor más alto. Y la reflexividad es entronizada como la guía suprema en la vida. Todas estas características se subsumen bajo la noción de autonomía, que etimológicamente significa la propiedad o capacidad de cada uno a darse sus propias leyes….

… El “Hombre” como subjetividad, autoconciencia y reflexividad se sustituye por una nueva forma de estar en el mundo: el fin del hombre equivale al nacimiento del Hombre Masa. Esto significa que el adjetivo “masa”, como se usa aquí, no debe entenderse como la designación de una clase especial -los trabajadores-, sino que se refiere a “un tipo de hombre que se encuentra hoy en todas las clases sociales, que en consecuencia representa nuestra era , en la que él es el poder predominante y rector “. El Hombre Masa corresponde a una forma de conciencia en la cual el individuo es completamente genérico y nada más que genérico, teniendo en principio características distintivas que lo diferenciarían de todos los demás. El individuo así creado es absolutamente idéntico a todos los demás: el Hombre Masa está total y exclusivamente compuesto por la pura repetición de un tipo genérico. De ahí que la subjetividad y la individualidad son simplemente aniquilados. Desde esta perspectiva, uno puede ver que el Hombre Masa no es una simple diferenciación dentro del estado del Hombre, sino un verdadero cambio revolucionario que desecha los variados vestigios de humanismo que fueron constitutivos del ideal moderno inicial del Hombre. Podríamos resumir lo esencial características de la existencia masiva: atomización social, individualismo extremo, total pérdida de raíces, de vínculo comunitario, lo que resulta en una sensación de superfluidad y soledad insoportable profundamente arraigada y desesperada, ylo que engendra un deseo de escapar de la realidad. Las masas están ansiosas por la consistencia de un sistema que los absorbe. Esta es una de las “principales características de las masas modernas”: “no creen en nada visible, en la realidad de su propia experiencia; no confían en sus ojos y oídos, sino solo en sus imaginaciones, que pueden ser atrapadas por cualquier cosa que sea a la vez universal y consistente en sí misma “. La ganancia psíquica de todo este proceso es una restauración, en un nivel diferente, de lo que había se ha perdido a través de la masificación: en un mundo fabricado de consistencia, la imaginación manipulada correctamente confiere a las masas un sentimiento de estar en el hogar, de sentirse protegidos frente a los shocks provenientes de la vida rel y de las experiencias reales.

La confianza en la experiencia, uno de los pilares de la mente moderna, se deroga en la mentalidad-de-masa a favor de la identificación con un sistema de ficciones consistente y el conformismo total de la conciencia. De hecho, la capacidad misma de la experiencia se adormece y se vuelve irrelevante en la existencia de masa. La experiencia verdaderamente espontánea se sustituye por el rendimiento programado. Cuanto más fanática es la adhesión del individuo al sistema fabricado, menos puede ser alcanzado por la experiencia o por el argumento. El rechazo deliberado de prestar atención a la llamada de la realidad da como resultado la sustitución de la relación cognitiva viviente con la realidad mediante formas de expresión estrictamente programadas, estandarizadas y codificadas.

Junto con el declive de la confianza en la experiencia, también ocurre un cambio sutil o velado en otra columna vertebral de la subjetividad moderna: la libertad. Como dice Umberto Galimberti: en el contexto de la sociedad de masas, “las acciones del individuo ya no son leídas como expresión de su identidad, sino como posibilidades calculadas por el aparato técnico, que no solo las previene, sino que prescribe incluso el forma de su ejecución. (…) la identidad personal se convierte en funcionalidad pura.” Por lo tanto, el Hombre Masa ya no es un hombre definido por el sentido moderno inicial del” yo “, sino que se convierte en nada más que un funcionario del sistema. Y como el funcionamiento del sistema obedece a reglas fijas, la libertad no se aplica a la actividad de su funcionariado.

Otra característica de la mentalidad-masa es el activismo, una característica que se preserva de la constitución interna de la forma de conciencia moderna y se transforma durante el surgimiento de la sociedad de masas. El cambio significativo que recibe el activismo en la transposición a la nueva forma de masas es que migra de la esfera subjetiva y se realiza efectivamente en la forma objetiva del mundo, convirtiéndose así en un elemento estructural de los grandes sistemas impersonales del mundo. Los individuos (así como el Estado y las empresas) son víctimas mucho más cautivas del torbellino del activismo económico y tecnológico que entonces se origina. El Faustico Streben (una aspiración inquieta) se convierte en el espíritu vivo omnipresente, impersonal y objetivo de nuestra época.

Como el activismo es esencialmente movimiento, su ímpetu esencial crea impermanencia. Por el contrario, la impermanencia es la condición de posibilidad para el activismo. Esta circularidad entre activismo e impermanencia es el secreto de la estabilidad del movimiento como la regla más profunda de la vida moderna. La reflexión se congela en un estado de suspensión y se sustituye por un procesamiento de datos estandarizado (aunque muy complejo), cuando el espíritu se convierte en información y el activismo se establece como la lógica de movimiento perpetuo del mundo. El movimiento frenético es lo que hace que la reflexividad sea obsoleta. La acción de reflexión requiere detenerse y volver a un evento ya terminado, o al menos a un momento finalizado de un evento continuo. El verdadero pensamiento reflexivo exige tiempo-tiempo para la recepción, para la concepción, para la maduración, para hacer de una verdad la posesión permanente de uno, para ser uno con la verdad de uno. La regla del movimiento acelerado, el cambio, la impermanencia, obstaculiza todos estos actos constitutivos de pensamiento. Ya no existen las condiciones temporales requeridas para el intelligere verdadero (para comprender, equivalente a intus legere, para leer interiormente, para alcanzar la interioridad de un fenómeno), sino únicamente la estimulación cada vez más rápida y externa por el flujo de información. La inquietud objetiva y la velocidad del mundo encuentran su correspondencia perfecta en la naturaleza flotante de la conciencia cuando están totalmente inmersa en los dinamismos tecnológicos. Como resultado, esta conciencia privada de la estabilidad mínima del pasado, de la memoria, extasiada por el tipo de movimiento frenético peculiar de nuestra época, simplemente no puede reflexionar, no puede pensar en el sentido tradicional de la palabra. La reflexividad restante es solo un residuo privado lógicamente obsoleto de la anterior forma de alma reemplazada como subjetividad, y puede ser utilizada en el cultivo de un pasatiempo…

La “naturaleza humana” o “esencia” era el referente del “verdadero yo”, de modo que uno podía definir la auto-conciencia o la subjetividad como la forma de la “esencia humana”. Pero en el modo contemporáneo tecnológico del ser-en-el-mundo, que conjuga la transformación de la naturaleza en mera materia prima para ser dispuesta por la actividad tecnológica, la obsolescencia de la categoría de “esencia”, y la creciente (o casi completa) fabricación técnica del entorno humano (técnica que invade incluso el ámbito de las relaciones humanas), el “verdadero yo” pierde su referencia fundante: de ahora en adelante, todo está fabricado, incluido el yo. La base del nuevo yo no se encuentra más dentro de uno mismo, sino en las variadas y calculadas posibilidades prescritas por el mercado.

… La supresión de los aspectos cualitativos subjetivos del reino del conocimiento científico verdadero y la instauración correlativa del “reino de la cantidad” definen el nuevo y moderno espacio epistemológico. Solo lo que en principio se puede cuantificar y traducir al lenguaje matemático cuenta como un posible objeto para el conocimiento científico. En consecuencia, también en principio la ciencia moderna excluye toda la dimensión de las intenciones humanas, valores, virtudes, ideales, en breve: todo lo que constituía la esencia muy específica y distintiva de las “cosas humanas” (ta anthropina) en la noción clásica del Hombre. Podemos decir que el sujeto trascendental moderno alberga a un matemático cuantitativo que maneja solo el tipo de razón instrumental. Esto significa que, en sus inicios, el espíritu de la modernidad trae consigo la tendencia auto-contradictoria de destruir la idea clásica del Hombre…

El Otro fantasmático

En mi tarea profesional de psicólogo compruebo cada día, en cada paciente, esta íntima y paradójica relación entre el sujeto singular y la diversidad y pluralidad de discursos que le constituyen. En mis esfuerzos por ayudar a la persona atrapada en las redes neuróticas de significados convertidos en síntomas o en crisis de relaciones que el sujeto vive como personales e íntimos asisto a la narración de sus vidas, penas y sufrimientos que revelan como  en cada uno existe un discurso íntimo,  el diálogo interior, que al ser reflexionado, hecho consciente, permite atisbar la confluencia heterogénea y contradictoria de las palabras de los otros, quizás en última instancia de un Otro que por medio de la pluralidad de voces crea y recrea la prisión de una subjetividad que más que reflejar la propia individualidad, la mantiene sujetada a la neurosis y el sinsentido existencial.
Se trata de aquellos discursos plurales articulados en una cadena que transita las cadenas de significantes atravesando los confines de las identidades familiares, nacionales, de clase, de género y de etnia hasta llegar al irreductible Otro fantasmático que niega radicalmente la absoluta singularidad de la persona, a la vez que y precisamente por ello la incita permanentemente a la búsqueda más original y originaria, la libertad de poder ser cualquier cosa, de vivir cualquier identidad incluso la de la propia negación.

La televisión

“Como institución social, la televisión tiene la función de una droga. La única diferencia con otras drogas como la marihuana o la heroína es que no es vista como tal y que, en algunos países, está incluso financiada por el Estado. En mi opinión es sin duda ingenuo ver a la gente que ha sucumbido al alcoholismo o al abuso de la medicación o las drogas como enajenados pues no hay gran diferencia entre ellos y la mayoría del resto de la gente en la sociedad. Es toda la sociedad moderna en su conjunto quien suplica ser drogada. La necesidad de estar drogado es una de las fuerzas más poderosas en la sociedad actual. Los adictos literales pueden ser vistos como aquellos pocos en los que la naturaleza patológica de la necesidad de algún tipo de droga  de la sociedad se vuelve visible para todo el mundo. Deberíamos estar agradecidos a los adictos, porque el verlos podría ayudarnos a darnos cuenta de una patología subterránea de la psique colectiva a gran escala. La televisión es una gran droga para las masas, aunque no sea reconocida como tal y sea más aceptable socialmente. Las ideologías y el fundamentalismo (en todas las diferentes variedades en las que se presenta) son otro tipo de drogas muy diferentes.”

W. Giegerich

El Ser Humano ausente

“El hombre se ha sustraído de su noción de vida y de realidad, cuando la vida o el destino llaman a su puerta, no hay nadie. Hoy no hay nadie allí y menos alguien que pudiera decir, ¡esto es!. Esto es, donde la verdad ha de mostrarse a si misma. En lugar de ello uno sueña con alternativas mejores a lo que es real y añora utopías o uno critica todo excepto la propia posición nihilista o agnóstica y todo lo demás lo declara ilusión ingenua o metafísica o mistificación. El ser humano contemporáneo incluso ha elevado su autro-substracción de la idea de vida y realidad,  al estatus de una teoría, propiamente en su rechazo ideológico de lo que se suele llamar etnocentrismo, o también,  eurocentrismo, lo que implica el decreto explícito de instalarse en la ex-centricidad, en lugar de en el centro mismo de la cosa. El absentismo se muestra incluso en el nivel de los hechos, en conductas colectivas, tales como el colapso de la educación debido a que los adultos esquivan el respaldar cualquier principio ante sus hijos, o en las reacciones evasivas de Occidente ante las atrocidades que ocurren en el mundo y dentro de sus propias fronteras, o en el nuevo lema de Occidente: la economía viene primero. Este lema es la única creencia real hoy.”

Fragmento de “The Logical Life of Soul” de W. Giegerich

Una mirada psicológica al conflicto Catalunya España

La perspectiva desde la que miro excluye de entrada todo posicionamiento político a favor o en contra de cada bando. Tampoco se trata de una posición equidistante que mira desde fuera a ambos lados y se autoproclama en posesión de una neutralidad sospechosa. Al contrario, la mirada psicológica desde la que pienso el tema me obliga a una interiorización absoluta que persigue pensar el mismo corazón del problema.
En el conflicto aparecen dos partes enfrentadas, cada una de ella desde una postura ideológica que justifica tanto la propia posición como critica y condena a la contraria  al error y a la mala fe. Esto se hace evidente al observar la relación entre Rajoy y Puigdemont como cabezas visibles de un enfrentamiento colectivo que se caracteriza por una polarización radical y un absoluto extrañamiento y condena del otro bajo la acusación de ser el causante del problema y bajo un radical rechazo a la legitimidad de sus repectivas motivaciones y estrategias,
En ambos la estructura psicológica desde la que se comprende y se reacciona ante el conflcito es exactamente la misma. Y es precisamente esta estructura idéntica en ambos y no el tema de disputa lo que imposibilita crear una solución al conflcto, sobretodo si consideramos como solución la que requiere de un escenario no impuesto por coerción alguna, esto es, por la lógica del poder.
Esta estructura psicológica que preside el conflicto y condiciona, mejor dicho, cercena, las posibilidades creativas de solución tiene en su fundamento una contradicción. En un lado de dicha contradicción tenemos la actitud y la visión nihilista hija de la modernidad y en el otro, la lógica impuesta por la dinámica global del momento histórico que padecemos.  Desde un nihilismo reactivo que es el propio de la postura ideológica, sea cual sea  el ismo que le dá contenido, se busca implacablemente, el predominio y la imposición de las propia ideología cuya esencia no es el descubrimiento de verdad alguna sino la imposición del programa y los objetivos determinados por una ciega adhesión a determinadas ideas incuestionables, dogmas. Desde otro lado, la dinámica histórico-cultural ha vuelo obsoletas las nociones de identidad, sujeto y verdad dejando paso a un proceso abstracto, desprovisto de contenido, sin horizonte ético, expresión última del nihilismo, en el que la economía ( globalización), la tecnología y la ciencia instauran un mundo virtual sin coordenadas geográficas ni parámetros humanos.Esta dinámica global podemos caracterizarla como la negación del sujeto, y su noción relacionada, la identidad. Una época post-humana.
En tal contexto socio-cultural y psicológico, las propuestas nacionalistas tanto de lado catalán como del español, son retrógradas, alientan y se alimentan de ideas, imágenes y mitos de un mundo que está agonizando. El mundo que está emergiendo, en cambio, parece escapar a la reflexión de los intelectuales y los opinadores orgánicos del sistema mediático que nos invade cada día.
Cabe la sospecha y ello a pesar de la sangre vertida por la represión policíaca que de lo que trata este asunto es el de constituir un divertimento más a sumar al de las series y programas televisivos cuyo único fin es el entertaining, mantener al personal pegado a la pantalla sometidos todos  al mundo virtual cuyo única regla parece ser “the show must go on…”

Ideología y psicopatología

Las ideologías como fenómeno socio-cultural y político relevante emergen junto  con la modernidad. Es cierto que siempre han existido disidencias, juegos y maniobras de poder y pensamientos divergentes, pero su articulación en una posición colectiva que aglutina a un colectivo y se auto-organiza con el fin de cumplir su programa alcanza relevancia y presencia significativa  sólo después de la “muerte de Dios” proclamada por Nietzsche como un fenómeno que va de la mano del nihilismo, la pérdida de los valores supremos y el “desierto” que conlleva.

De hecho el siglo XX es el de las ideologías por antonomasia. Socialismo, fascismo, comunismo, anarquismo, liberalismo, etc., y sus promesas de “paraísos artificiales”,  brotan con fuerza en el escenarios socio-político  donde también surge una epidemia, la neurosis que hasta hoy infecta la vida de millones de individuos y se articula en la lógica institucional de gran parte de los órganos de control y gobierno contemporáneos.

La neurosis consiste en una disociación de la conciencia entre un contenido consciente y/o explícito (el discurso oficial) y una contraparte inconsciente y/o implícita (lo no dicho) que están en contradicción (mi mano derecha no sabe lo que hace mi mano izquierda), en su aspecto formal, la neurosis implica la entronización de una mentira que se presenta como verdad absoluta, tal mentira se impone a la conciencia compulsivamente, de tal manera que resulta irresistible. Su resultado es un sufrimiento atroz estéril que condena a sus víctimas a vivir en círculos viciosos resultado de los síntomas neuróticos y los vanos intentos de suprimirlos.

Neurosis e ideologías constituyen fracasados intentos de colmar el vacío existencial y cultural y presentan en su estructura la misma lógica, una ausencia de verdad disfrazada de la importancia absoluta con la que se presentan tanto las ideas a defender compulsivamente desde el credo ideológico, como los síntomas que se sufre, asimismo compulsivamente, el neurótico.

Hoy estamos ante una nueva fase, la postmodernidad, y la sociedad mediática y tecnológica que está transformando el panorama total de la existencia, e implica, según Giegerich, la transformación de la constitución lógica de la consciencia, es decir,  la transformación de la misma idea de Verdad y Realidad en sí mismas.

Culmina en tal fase de post-verdad, la liquidación absoluta y sistemática de los valores del humanismo y la irrelevantificación  de las ideas nucleares que han fundamentado en la modernidad nuestro ser-en-el-mundo: sujeto, identidad, derechos  humanos, etc.

Todo ello da paso a un mundo en que el desarraigo, la impermanencia (el hombre ausente) y la migración (económica o turística) son lo efectos colaterales de unos procesos globales y abstractos que determinan casi todos los aspectos de la vida individual y colectiva.

Las ideologías en este nuevo contexto están obsoletas, si aún parece que se mantienen tiene que ver más cono comparsas  secundarios de la vida colectiva, y como “alimento” de la crónica escandalosa de la corte que a modo de serie televisiva,  nos regalan cotidianamente el sistema mediático cuya lógica es la de que no importa el contenido sólo el flujo permanente de imágenes, y cuyo único lema que comparte con la economía es el de “máximo beneficio con el mínimo esfuerzo”.